Somos carniceros por tercera generación

Ángel González y su esposa, Manuela González, abrieron las puertas de la carnicería en 1972. El matrimonio cuidó su negocio con tanto esmero que supieron transmitir ese amor por esta profesión a su hija y a sus nietos. Casi medio siglo después, desde la carnicería González, conservamos la esencia de nuestros inicios en con sistema de producción tradicional y nos adaptamos a los nuevos tiempos intentando ofrecer un servicio alineado con las nuevas generaciones.

Herederos de los valores artesanos

  • Carne de primera calidad

Trabajamos con los mejores ganaderos para seleccionar el mejor producto de Asturias. Apostamos por las razas autóctonas, como la asturiana de los Valles y la asturiana de las Montañas, y confiamos en el producto de proximidad.

  • Elaboración tradicional

Ponemos el foco en los procesos de elaboración de la carne para que las piezas sean de una calidad y frescura óptimas. Trabajamos el producto de manera tradicional, tal y como lo hacían nuestros abuelos.

NUESTRA HISTORIA

El matrimonio González abrió las puertas de su primera carnicería en Gijón en 1972, en el barrio de La Calzada. Pero la pareja ya había construido una historia de experiencia y aprendizaje en el oficio antes de ponerse al frente de su propio negocio. Ángel, que fue carnicero por vocación, emigró muy joven a Cuba, donde aprendió el oficio durante su adolescencia. A su vuelta a España, antes de cumplir 20 años era ya un experimentado carnicero que traía en su maleta la ilusión de fundar su propio negocio.

Fue en Cangas de Onís donde los recién casados se instalaron para formar una nueva vida juntos y, allí, regentaron su primera carnicería propia. Ángel le enseñó a Manolita todo lo que él sabía y, ella, que aprendía rápido, proporcionó al negocio la chispa que necesitaba. Ángel, por su parte, se encargaba de buscar el mejor producto. Por eso, no le importaba desplazarse a cualquier lugar de Asturias con tal de conseguir las mejores piezas, “manteca pura” como él mismo decía.

La pareja resultó ser todo un acierto como equipo, así que viendo el futuro que tenían juntos decidieron mudarse a Gijón. Su negocio del barrio de La Calzada fue creciendo poco a poco, por lo que abrieron su segunda carnicería en el mismo barrio, donde eran muy queridos por los clientes y vecinos. Tras años de trabajo duro, unificaron el negocio en un mismo local situado en el gijonés barrio de Contrueces. Desde aquí, seguimos creyendo que la carnicería es un arte y continuamos apostando por los valores de calidad y tradición que nos inculcaron nuestros abuelos.